Comedores

Porque tuve hambre y me disteis de comer, sed, y me disteis de beber. Dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento son obras de misericordia, son parte de nuestro carisma que busca mostrar el rostro y las entrañas de misericordia de Dios, que cuida de sus hijos. Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto.

Él les dijo: Dadles vosotros de comer”. Dadles vosotros de comer… hoy también nos lo dice el Señor y nos invita a confiar en El, en su Providencia, y dar a nuestros hermanos alimento para el cuerpo y también para el alma. No hemos ignorado este llamamiento y nuestra respuesta se ha traducido en la puesta en marcha de los comedores sociales saliendo al paso de la realidad actual ya sea en ámbitos de pobreza o el de crisis económica que nos ha hecho ampliar, dentro de la fidelidad, nuestro campo apostólico.

No nos podemos contentar con una labor asistencialista, con el alimento material hemos de transmitir el espiritual con los gestos de acogida, respeto y atención integral, con la colaboración de otros profesionales, para ayudar a estas personas a su reinserción social y a que recobren su dignidad personal. Necesitamos creatividad para mejorar nuestra respuesta a esta llamada de Jesús: “Dadles vosotros de comer”. Pensemos cómo lo haría la Santa Madre hoy y seamos valientes.

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