Indulgencia plenaria

150º ANIVERSARIO DE FUNDACIÓN

AÑO JUBILAR 25 JULIO 2020-2021

Hoy

PASO 3

Dios entra en nuestra vida y la pone del revés. A pesar de nuestras resistencias, esta transformación logra una felicidad que nunca antes habíamos conocido.
Conoce el testimonio vocacional de Verónica, ejemplo de lo que Dios hace en nuestras vidas, de lo que Dios puede hacer en la tuya.

¡Vale la pena!

 

Mi nombre es Verónica, soy religiosa Sierva de Jesús de la Caridad y mi vocación es un milagro, así lo he visto siempre.

Era una chica como cualquier otra: la familia, las salidas con mis amigos todos los fines de semana, mi pareja, practicaba el deporte de mis sueños (el fútbol), mi coche recién comprado, y mi trabajo como auxiliar de enfermería en una residencia de ancianos. Fue ahí donde conocí a las RR. Siervas de Jesús, una historia llena de casualidades, o eso pensaba. Ahora echando la vista atrás veo que Dios lo tenía todo muy bien planeado.

 

En cuanto a Dios, podría decir que nada. Pertenezco a una familia no practicante, aunque estaba bautizada y había hecho la comunión, no conocía a Dios, nadie me había hablado de él, ni mucho menos como amigo presente en mi vida. No es fácil escuchar a Dios en el mundo en el que vivimos lleno de ruidos.

 

Fue en mi trabajo donde todo empezó a cambiar. El trabajo se convirtió en mucho más que eso, en mi vocación. El tiempo allí se hacía corto. En cuanto a las hermanas me llamó la atención su entrega, su alegría, su sonrisa, su trato con los ancianos, pero al inicio no hice mucho caso. Todo fue cambiando en mis turnos de noche; una de las hermanas me contaba cosas sobre Jesús y la virgen, recuerdo rezar mi primer rosario y ver mi nombre escrito en la arena (ésta es otra historia).

 

Cuando yo me quedaba sola le daba vueltas a todo esto, descubrí mi mundo interior, y a ese Dios al cual ellas seguían. Dios se convirtió en mi compañero, lo podía sentir a mi lado en mi día a día. Le abrí una puerta y lo supo aprovechar.

 

A partir de ahí fue como si una venda se me cayera de los ojos, y viera el mundo desde otra perspectiva, empecé a encontrar sentido a mi vida y una alegría que no había experimentado antes. Lo que antes me llenaba ahora perdía sentido, y empezó la lucha entre seguir como estaba o lanzarme a lo que estaba segura que Dios me pedía: entregarle mi vida en una vocación tan grande como el servicio al más necesitado.

 

Para la decisión final me pasé un día entero en la iglesia de mi pueblo (Sueras, Castellón), me senté delante del sagrario y dije: si de verdad quieres que te siga, házmelo saber de algún modo, quiero salir de aquí con una respuesta. Y me respondió.

 

No fue fácil, tenía 23 años y tanto mi familia como amigos no podían creerlo. De algún modo debía dejarlo todo, esa es la percepción que se tiene ante una decisión así. ¡Me fie! Entré en la congregación de las Siervas de Jesús y dio inició mi nueva vida, no me he arrepentido ni un día de esta decisión. Aquello que creí que dejaba lo gané multiplicado.

 

Llevo 11 años como Sierva de Jesús, hace dos hice mi profesión perpetua en la comunidad de Roma. ¡Una fecha inolvidable! En estos años en la Congregación he descubierto la grandeza de la vida, la misericordia y amor de Dios, la belleza de la fraternidad, el amor y el sacrificio (lema de la Congregación), las noches en vela a la cabecera del enfermo, la sonrisa de los niños y el agradecimiento del anciano, ¡No lo cambio por nada! Fíate tú también, si sientes la llamada no lo dudes!

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